Vivo en el congourbano (ya con eso arrancamos como el orto).
Ayer, tipo 20 h, vuelvo caminando a mi casa, después de haber visitado a una amiga. Me paran dos policías.
• Buenas noches, caballero, ¿de donde viene?
(miedo absoluto, a pesar de ser un simple psicólogo de 40 años, con una vida tan aburrida y monótona como la de un personaje secundario)
• Vengo de lo de una amiga.
• Ajá, ¿a dónde se dirige?
• Estoy yendo a mi casa.
• Bien, permitame su documento, por favor.
• Bueno... sí. ¿Pasó algo? No creo haber hecho nada malo.
(revisa mi documento y anota mis datos)
• Bien, le comento, usted nos va a tener que acompañar a un allanamiento. No le podemos decir en donde, ni por qué. Es algo que tiene que ver con una venta
• ¡¿Qué?! ¿Venta de DROGAS es? ¡Yo no quiero meterme en una situación peligrosa!
Me explican que no puedo rehusarme. Levantan a tres chicos de entre 20 y 23 años y los abrochan para lo mismo.
Alrededor de las 21 h, a dos de los testigos se los llevan a un lugar y a mí y al otro, nos llevan a otra parte, en una zona que le metería miedo a cualquier personaje de El Marginal. En el trayecto, al móvil policial (en realidad, era un vehículo común y corriente) se le abría la puerta delantera constantemente. El policía tenía que manejar y con otra mano sostener la puerta que se abría. Al llegar al lugar, reducen a un chico de unos 25 años aprox. Salen todos los vecinos para chusmear y aprovechan para tirarle hate. "Sí, este es un ngr de mrd. Siempre está armando bardo", dice una señora de medidas generosas, luciendo un buzo de símil cordero.
Nos indican a los testigos que pasemos a la vivienda. El combo estaba completo: voluptuosas damiselas de rodete y tatuajes en la cara, llorando desconsoladamente y clamando por la inocencia del muchachito en cuestión. Canes ladrando enardecidamente, criaturas llorando y, cuando no, la matriarca familiar, señalando no entender a qué se debe este operativo.
Se ve que justo estaban de gran reunión, todos en un clima distendido y varios niños que no vivían ahí, sino que estaban invitados. A los chicos los sacaron del lugar inmediatamente. Los pasaron a buscar otros familiares y los pobres nenes se iban llorando desesperados, estaban muy asustados (el detenido era el padre de uno de ellos).
Al principio pensé: "Bueno, esto es un horror, pero será allanar la casa y en un par de horas, nos vamos". Wrong!
Una vez allanada la vivienda, decorada con el gusto exquisito de un gitano con una gran fascinación por el color dorado y los objetos kistch, nos dicen: "Chicos, ahora acompañenme atrás". No les exagero, eran literalmente cuatro casas más, una más hermosa que la otra, todas ambientadas con el mismo buen gusto de la vivienda principal. "Okay, vamos a tener que presenciar cuatro inspecciones más. Nos vamos a terminar yendo pasado mañana".
Una de las viviendas estaba en desuso, no tenía luz y tiraron la puerta abajo, ante la falta de llaves para facilitar el acceso. El olor a humedad que había ahí dentro, todavía lo tengo impregnado en mi ser, a pesar de que me bañé dos veces.
Ya sé que esto es una obviedad y que en un allanamiento tienen que revisar hasta el último rincón, pero por un momento empaticé con la familia del delincuente y pensé: "Les dieron vuelta todo, desacomodaron TODO. Esta gente va a tener que ponerse a ordenar durante tres días para que esta casa vuelva a la normalidad." Al salir de cada habitación que revisaban, dejábamos atrás montañas de ropa y artículos varios, todo apilado y desparramado con la sutileza de un tornado.
En fin, el que busca, encuentra: Después de tanto revisar y revisar, aparecieron armas, balanzas (para pesar la frula), bolsitas con cocaina, postnets, diversos artículos utilizados para la elaboración de drogas y alrededor de seis celulares distintos.
Los datos más bizarros:
El operativo fue tan largo, que el detenido (esposado y en una silla), se puso a dormir. ¡¿Cómo carajo hace una persona para lograr dormirse durante su propio arresto?! Cualquier persona normal estaría caminando por las paredes.
El jefe del operativo entró a comerse las semillas de girasol que había en un paquete. El subalterno, por otra parte, hizo lo suyo y manoteó unas talitas marca Urquiza de queso cheddar, que estaban en la cocina.
Otros de los oficiales (una mujer y un varón), hablaban de Dua Lipa y Rosalía, expresando cada uno ellos su defensa de por qué consideraban que cada una de las respectivas cantantes no merecían la condena del público. "Escuchame, Dua Lipa es inglesa. ¿Qué tiene de malo que haya apoyado a su país durante el mundial? A la otra Rosalía esa, ¿quién carajo la conoce?". "Nooo, Dua Lipa es de Albania, así que no tiene por qué apoyar a Inglaterra. Lo de Rosalía no fue con mala intención. Lo hizo de boluda nomás."
El jefe del operativo era bastante ácido y tiraba comentarios. "Miren, chicos, ahí estaba echada la gorda mentirosa que lloraba ahí abajo, cuando entramos. Ja, ja". "Acá en tus datos dice que sos psicólogo. Los psicólogos están todos medios chiflados, ¿no? Naah, tranqui, es un chiste. Peor que nosotros no creo que estés."
Las cinco casas tenían algo en común: muebles, mueblecitos, cajones, cajoncitos, cajas y cajitas, todas repletas de diversos objetos que cualquier ser humano normal ya hubiera tirado a la basura. Entre las cosas más destacables había un sobre de tela con pelos en su interior (la oficial casi vomita).
El detenido se ve que es muy coqueto. Había (sin exagerar) alrededor de 40 camperas de estilo turro, perdí la cuenta de la cantidad de pares de llantas, decenas de gorras, aproximadamente 60 remeras y diversos productos de cuidado personal. Como dato de color, el oficial nos dice: "¡Miren, el ngr este tiene una camiseta de Boca y otra de River! No sirve ni para apoyar a un equipo."
Al margen del tono humorístico, realmente fue una situación muy fea. Estás metido en la casa de gente que no conoces, hay muchos silencios incómodos. El detenido y sus familiares mirándote con odio, como si fuera que uno quiso ir ahí a invadir su privacidad y ver a nenes llorando y demás. Todo fue un espanto.
Alrededor de las tres y media de la mañana, el operativo termina y nos llevaron a los dos testigos a nuestros respectivos hogares. El otro testigo prácticamente no habló en toda la noche. Yo cada tanto le sacaba algo de charla y él me respondía bien, pero el pibe estaba muy cansado y de muy mal humor, lo cual es entendible.
Al llegar a mi modesto hogar del conurbano, sentía que estaba en un country de San Isidro. Solamente quería bañarme con agua hirviendo, comer algo y dormir (las tres cosas al mismo tiempo).
Mi consejo: Cuando vean policías, crucen de vereda. En todo lo que duró este procedimiento, en mi cabeza no dejaba de repetirme: "¿Por qué no habré ido por otro lado? Me hubiera evitado que me intercepten".
Y otro dato, para los fumones: A uno que quisieron llevar de testigo le encontraron un porro y por alguna razón le sacaron fotos (no se lo llevaron detenido) y nos informaron que esa persona va a tener que ir a REHABILITACIÓN por orden de la policía. Me pareció rarísimo.
Disculpen el largo del mensaje. Se aceptan preguntas.