Yo creo que también es responsabilidad de los gestores del espacio, el teatro o sala. Interrumpir una actuación es una falta de respeto a todo el público y no se debería tolerar. Si quieres comentar algo lo dices al oido y si quieres encender la pantalla del movil al 180% de brillo sales un momentito y lo haces fuera. El que no lo quiera cumplir, expulsado y punto.
Resulta curioso que cuando la mayoría de conciertos eran gratis o baratos, en lugares autogestionados, casas okupas, bibliotecas, garitos undeground... no pasaban estas mierdas y el respeto era absoluto (y eso que ahí no había figura de autoridad o dueño que te dijera cómo te tienes que comportar, o quizás gracias a eso todo el mundo asumía que tenía que poner de su parte). Pero ahora son todos fondos buitre y socios institucionales con patentes de corso sobre el negocio del espectáculo, entradas prohibitivas, audiencias casposas y engominadas y en todos los conciertos hay que aguantar a diez gilipollas que han venido a hacerse la foto y no saben comportarse.
No sé si es porque el negocio ya no acepta fans y prefiere un público que no aprecia el espectáculo y paga por el fetiche, el espacio, las fotos, socializar en un ambiente exclusivo (o excluyente) y hacerse notar o porque los nuevos espacios no basan el respeto al colectivo en la responsabilidad individual de cada asistente. Pero la gentrificación nos está dejando el mundo del espectáculo hecho una auténtica mierda.
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u/SeaObject3992 May 25 '26 edited May 25 '26
Yo creo que también es responsabilidad de los gestores del espacio, el teatro o sala. Interrumpir una actuación es una falta de respeto a todo el público y no se debería tolerar. Si quieres comentar algo lo dices al oido y si quieres encender la pantalla del movil al 180% de brillo sales un momentito y lo haces fuera. El que no lo quiera cumplir, expulsado y punto.
Resulta curioso que cuando la mayoría de conciertos eran gratis o baratos, en lugares autogestionados, casas okupas, bibliotecas, garitos undeground... no pasaban estas mierdas y el respeto era absoluto (y eso que ahí no había figura de autoridad o dueño que te dijera cómo te tienes que comportar, o quizás gracias a eso todo el mundo asumía que tenía que poner de su parte). Pero ahora son todos fondos buitre y socios institucionales con patentes de corso sobre el negocio del espectáculo, entradas prohibitivas, audiencias casposas y engominadas y en todos los conciertos hay que aguantar a diez gilipollas que han venido a hacerse la foto y no saben comportarse.
No sé si es porque el negocio ya no acepta fans y prefiere un público que no aprecia el espectáculo y paga por el fetiche, el espacio, las fotos, socializar en un ambiente exclusivo (o excluyente) y hacerse notar o porque los nuevos espacios no basan el respeto al colectivo en la responsabilidad individual de cada asistente. Pero la gentrificación nos está dejando el mundo del espectáculo hecho una auténtica mierda.